

72 productos para roedores y hurones.
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Aquí conviven animales con necesidades opuestas, así que lo primero es no comprar la misma jaula para todos.
La jaula pequeña de barrotes con dos pisos y suelo de rejilla es lo que más se vende y lo que peor encaja con lo que estos animales hacen.
La rejilla concentra el peso sobre una superficie estrecha y dura. En hámsters y cobayas favorece las lesiones de la planta del pie, que empiezan como una zona enrojecida y se complican con facilidad.
Para conejos y cobayas, lo que cuenta es poder dar varios saltos seguidos en línea recta. Los pisos suman superficie sobre el papel, pero no sustituyen al largo.
Para el hámster, además del suelo importa la profundidad del lecho: excava túneles, y con dos dedos de viruta no puede. Un hámster que muerde los barrotes casi siempre está diciendo que su alojamiento se le queda corto.
Para el hurón, al revés: trepa, y aprovecha la altura y los varios niveles. Necesita una hamaca para dormir en alto y túneles por los que meterse.
El hurón se cuela por cualquier hueco por el que le quepa la cabeza, y es sorprendentemente pequeño. Comprueba los cierres: aprenden a abrir pestillos simples con una facilidad que desconcierta.
En roedores el riesgo es otro: los huecos entre barrotes por los que un hámster enano puede pasar, y los espacios donde una pata puede quedarse atrapada.
Los escondites no son decoración. Un animal presa que no puede esconderse vive en alerta permanente, y eso se traduce en estrés.
Los parques o vallas de suelo dan a conejos y cobayas el espacio de ejercicio que ninguna jaula ofrece, y son la forma práctica de sacarlos un rato al día sin perderlos de vista.
Puedes filtrar por marca y precio, y navegar entre jaulas, accesorios de jaula, parques y transportines. Los lechos están en higiene.
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No conviene. La rejilla concentra el peso sobre una superficie estrecha y dura y con el tiempo favorece las lesiones en la planta del pie. Necesita suelo sólido con una capa de lecho lo bastante profunda para excavar, que es lo que hace la mayor parte de la noche.
Depende del animal. Para un hurón sí: trepa y aprovecha la altura. Para un conejo o una cobaya, lo que cuenta es el espacio horizontal, poder dar varios saltos seguidos en línea recta. Los pisos suman superficie en el papel pero no sustituyen al largo.
Suele ser la señal clásica de un alojamiento que se le queda corto: poco espacio, poco lecho para excavar o nada que hacer. Y no es inofensivo, porque el movimiento repetido acaba desgastándole los incisivos de forma irregular.
Altura y una hamaca para dormir en alto, túneles por los que meterse, y un espacio a prueba de fugas: se cuela por cualquier hueco por el que le quepa la cabeza. Su jaula debe ser alta y con varios niveles, justo al revés que la de un hámster.